En abril de 2025, el gobierno de Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, reactivó políticas proteccionistas que han sacudido los mercados internacionales. Con la imposición de aranceles del 10% a todas las importaciones, y de hasta un 125% a productos específicos provenientes de China, el comercio mundial ha entrado nuevamente en un estado de tensión e incertidumbre. Y como en todo conflicto comercial, uno de los sectores más afectados es el transporte de carga.
Menor volumen, mayores efectos
La cadena logística global se ve directamente afectada por cualquier desaceleración en el intercambio de bienes. Con los nuevos aranceles, muchas empresas están reconsiderando sus rutas, proveedores e incluso cancelando o retrasando envíos. Esto ha generado una reducción notable en los volúmenes de carga movilizada, especialmente en rutas Asia-América y Europa-América.
Menos carga significa menos viajes, menos ingresos para transportadoras marítimas, aéreas y terrestres, y una sobreoferta de capacidad logística en ciertos corredores.
Impacto en el transporte terrestre
Aunque la guerra comercial se da a nivel global, también repercute en el transporte terrestre regional y local. Con una menor entrada de productos importados, se reduce la necesidad de movilizarlos desde puertos y zonas francas. A su vez, algunos insumos y partes utilizadas por industrias nacionales comienzan a escasear, impactando la producción local y, por ende, la demanda de transporte interno.
Para países como Colombia, que dependen de la importación de productos terminados y materias primas, esta crisis comercial podría reducir temporalmente la actividad logística desde los principales puertos como Buenaventura y Cartagena.
Reconfiguración de cadenas logísticas
Otro efecto importante es la reconfiguración de cadenas de suministro. Muchas empresas están buscando alternativas de proveedores más cercanos para evitar los aranceles, lo que da lugar al fenómeno del nearshoring. Esto puede beneficiar a algunos países latinoamericanos, que podrían convertirse en nuevos centros de producción y distribución, generando nuevas oportunidades para el sector transporte en la región.
¿Y las oportunidades?
Aunque el impacto inmediato puede ser negativo, las crisis también abren la puerta a la transformación. Las empresas transportadoras más resilientes —aquellas con flexibilidad operativa, enfoque tecnológico y cobertura estratégica— podrán adaptarse rápidamente a nuevos flujos de comercio.
En este contexto, el transporte terrestre cobra un papel clave, ya que deberá conectar las nuevas rutas, suplir cambios en los patrones de distribución y asegurar la eficiencia en tiempos de incertidumbre.
El rol de empresas como Novacarga
En momentos de incertidumbre comercial global, los clientes necesitan aliados confiables, con capacidad de adaptación y visión estratégica. En Novacarga, comprendemos que el transporte no es solo movilizar carga, sino anticiparse a los cambios del mercado. Nuestra cobertura nacional, plataformas de trazabilidad en tiempo real y capacidad de integración con operaciones internacionales, nos posicionan como un socio logístico preparado para enfrentar los desafíos que esta nueva realidad global presenta.

